El miércoles 25 de febrero a las 10:30 de la mañana, el patio del Cendi Legaria se transformó en un escenario de aprendizaje con la realización de la Feria escolar de la cultura de la legalidad, una jornada donde las risas y el color demostraron que los valores se aprenden mejor jugando. Lo más destacado fue la participación de 12 madres y padres de familia, quienes a partir del curso Cultura de la legalidad para madres y padres de familia, diseñaron e implementaron seis proyectos lúdicos para las 80 niñas y niños que conforman la totalidad del alumnado del preescolar, convirtiéndose en los verdaderos arquitectos de esta Feria.
Al recorrer las estaciones, las y los pequeños realizaban actividades cuidadosamente pensadas para ellos. En «Adivina saltando», brincaban sobre un tapete con forma de avión identificando conductas que promueven la legalidad, mientras que en «Juguemos a plantar» aprendían a sembrar una pequeña planta, conectando con el cuidado del medio ambiente. El «Memorama de soluciones» les permitía, con doce tarjetas coloridas, asociar problemas cotidianos con sus respectivas soluciones, y en «Pescando el valor de mi emoción» expresaban sus sentimientos a través de peces de colores, validando la importancia de la inteligencia emocional. Por su parte, «La carrera de los valores» los retaba a trabajar en parejas, cargando una pelota sobre una tela hasta depositarla en cubetas que representaban la empatía o la amistad, esquivando aquellas que simbolizaban los gritos o la envidia, una metáfora de las decisiones que enfrentamos a diario.
Lo más significativo fue observar a las mamás y los papás arrodillados jugando con sus hijos e hijas, involucrándose desde el diseño hasta la implementación de cada juego. La directora y las profesoras del plantel también se sumaron, reforzando con su presencia los temas de valores y convivencia, demostrando que cuando la escuela y la familia trabajan unidas, la educación trasciende las aulas y se vive en cada momento compartido.
Al final de la mañana, mientras las ochenta niñas y niños regresaban a sus aulas, quedaba la certeza de que la cultura de la legalidad no es un concepto abstracto, sino algo que se practica en familia y en la escuela, especialmente cuando se tiene la dicha de hacerlo a través de la poderosa herramienta del juego.